Ahí estaba yo, deambulando por el que había sido su santuario; mis sentidos le traían a mi memoria, su aroma y sus palabras eran parte de este lugar, el que fuera su lugar predilecto; los recuerdos se agolpaban en mi mente evocando las lagrimas que ya ni me esforzaba por contener ¿para qué? mi tristeza era tan verdadera como el aire que respiraba, solo yo podía saber con certeza el duro golpe que la vida hoy me daba; sí, tal vez muchos sentían un dolor parecido, completamente personal e incomprensible para los demás, pues es de cada uno el sentimiento que nos une a los recuerdos; fue entonces que la vi, aquella pequeña caja que nunca me dejo abrir, sin embargo, siempre supe que era importante, volvieron a mi las veces que le pedí mostrarme, recibiendo por respuesta la simple frase "no sea entrepita mija", pero ahora no estabas ahí para decirla, otra lagrima fría corrió por mi mejilla, observe la pequeña caja con detenimiento, pequeña y de madera, dejaba ver con facilidad lo a...
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