La tragedia

-la vida es una tragedia, y no, no habló de matices, no habló de esos momentos en los que el alma se queda sin fuerza de tanto soportar las penas, habló de la vida en pleno, con todos sus momentos, aciertos y desaciertos- yo escuchaba las palabras de mi amigo y dándole una palmada en el hombro le respondí -Dios es mi testigo de que deseo comprenderte, más no me es posible, no por falta de humanidad o empátia, no por falta de juicio o sabiduría; no, mi causa es más profunda, pues ahí donde al igual que tu veía una tragedia en la vida un día se cruzó ella, con su sonrisa inquebrantable y sus ojos brillantes, con su elegancia de reina y su perfumada presencia, pero sus labios, sus labios pintados de rojo pusieron en duda las tragedias, tal vez fue mi suerte, tal fue mi bendición que de mil caminos posibles eligiera ese que me permitió verla, entonces ninguna tragedia pude volver ver, pues solo un recuerdo basta de aquella estrella, aquel ángel que mi corazón resguarda; yo sin demora decidí quererla, sin importar que el quererla significará algo para ella, pues es mi tesoro, mi felicidad y solo conozco la tristeza cuando sospecho que su sonrisa merma y desaparece en la nada, sí, sólo ahí recuerdo lo que es la tristeza, pero no la tragedia, ya las tragedias no son concebibles porqué ¿cómo podría ser trágica la vida que contiene a semejante doncella? La respuesta es: no puede serlo; como ves mi amigo tú vida no es una tragedia, solamente te falta una estrella capaz de iluminar con mucha fuerza espantando las penas y renovando las fuerzas- mi amigo observandome fijamente sonrió comprensivo dejando escapar un suspiro..

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